"Con el libro en papel nos ponemos romanticones; a un chaval de 15 le das un iPod y es la misma sensación"...
Conoce muchas páginas del futuro del libro electrónico. Y las ha leído a su paso por el encuentro de Artium. Para Javier Celaya las nuevas tecnologías pierden su adjetivo, porque convive con ellas en presente mientras trata de acercarlas a los demás. Acercar esos locos "cacharros"...El logotipo de Dos Doce es una mano que toma del código de barras "un libro de la balda". ¿Falta "palpar" las nuevas tecnologías?
Dos Doce se creó como observatorio social del uso de las nuevas tecnologías, en empresas y entidades culturales. Inicialmente, por desconocimiento, es humano decir es muy difícil, no es para mí, ya se me ha pasado esta generación. A lo largo de estos años hemos visto un cambio de actitud. Internet empezó a transformar todo. Yo le llamo el tsunami creativo. Se carga lo que no aporta algo a la economía digital, pero vuelve a dar valor. Arrasa, pero florece. El logo es un código de barras porque cultura y mercado deben convivir. Siempre ha habido esa arrogancia de la alta cultura, e Internet lo democratiza. Y Dos Doce es el prefijo de Nueva York. He vivido quince años en Estados Unidos... como recuerdo. Carolina Herrera me hace una publicidad indirecta con sus colonias cada Navidad.
Quizás la palabra clave sea "convivencia": de economía y contenidos...
El modelo tradicional está perdiendo eficacia. Un ejemplo, el New York Times: 1 millón de lectores en papel, 21 millones en digital. Pero el dinero sigue en el kiosco. Ahora se empiezan a ver modelos que validan que, si das un contenido digital interesante a un precio asequible, el usuario está dispuesto a pagar.
Al emprender su proyecto tendrían una tremenda incertidumbre...
Los dos primeros años no ganamos ni un duro. Casi tiro la toalla. Pero dijimos vamos a intentarlo un año más. Y en ese año vimos el punto de inflexión. Empezó en los museos. Los artistas empezaban a utilizar nuevas tecnologías y eso obligó a asumirlas. Empezaron a demandar nuestros servicios. Luego en el entorno bibliotecario. Y, en los dos últimos años, en el libro, un mundo muy tradicional... 500 años con la misma tecnología. Vamos al trabajo por el mismo lugar, paramos al café en el mismo bar... Nos cuesta cambiar de hábitos. Si te cambian los procesos, al principio hay un rechazo. Pero es una realidad imparable. No es que sea un visionario. En Estados Unidos era una realidad y cuando volví a Bilbao dije quiero adelantarme en este mercado. Y todos los años vuelvo a Estados Unidos dos o tres veces al año...
Para ver el futuro...
¿Libro electrónico o papel? Ese debate ya ha terminado allí. Ya piensan en negocio. ¿Cuál es el precio que debería tener un periódico digital? Porque la versión gratuita con publicidad no da ni para pagar al becario. Hasta ahora, cuando a alguien le decían que iba a leer en pantalla, el rechazo era natural. Su experiencia era la del ordenador, que relacionas con el trabajo. Y si el fin de semana vas a leer a tu autor favorito en pantalla... Pero estos nuevos cacharros dan una experiencia similar al papel.
¿Cuándo llegará el paisaje de usuarios de "e-book"?¿Cómo será?
En urbes grandes se empieza a ver. El pero es el precio -media de 300 euros-, todavía excesivo para crear masa crítica. En Estados Unidos ya se venden por 99, empiezan a ser un me lo puedo permitir. Cuando arrancó la telefonía móvil aquellos zapatones se los podían permitir cuatro pijos. Yo trabajaba con Airtel y muchos periodistas me preguntaban ¿quién tiene necesidad de un móvil cuando hay cabinas en todas las calles?. Lo mismo va a pasar con el libro electrónico. Ahora hay más teléfonos móviles que españoles. 55 millones. Hay 9 millones con doble ansiedad.
¿Pronto se abrirá el embudo?
Entrarán más fabricantes y harán que los precios bajen. En poco tiempo habrá una evolución de funcionalidades y tamaños, dispositivos de todos los colores. Hasta editoriales y medios de comunicación que para fidelizar lo regalarán con diez cupones. El kiosco se ha reconvertido en un todo a cien. Se verá en tres o cuatro años.
Y creará pasión por el objeto...
Va a ser una expresión de la identidad. Si coges mi teléfono y paseas los iconos dice mucho de Javier. Por lo que lee, escucha y ve. Es interesante desde el punto de vista de acceso al conocimiento y preocupante desde la privacidad. Si sacas un libro de la biblioteca, está prohibido que guarden archivo de lo que has leído. En el mundo digital hay mucha información sobre qué leemos, compartimos u opinamos.
¿El mundo editorial se ha adaptado bien o "a salto de mata"?
En 2009 hubo una aceptación. Cuando hablamos del libro en papel nos ponemos romanticones (tacto, olor), pero es generacional. A un chaval de 15 años le das un iPod y tiene las mismas sensaciones. El sector ha asumido la realidad. Hasta la fecha sólo tenías Celestinas y Quijotes, que -mi máximo respeto- no es lo que la gente lee, y este año se van a poder comprar otros, con una parte muy positiva: el precio. Ya no hay que imprimir, enviar... Con la crisis el formato más vendido es libro de bolsillo. Lo que veremos en digital es de un 20% a un 30% del precio en papel y mucho fondo editorial.
Esto afecta a librerías, papeleras... hasta a los ebanistas que construyen baldas y librerías...
¿Y qué hacemos con las bibliotecas? No van a desaparecer, pero sí el bibliotecario de siempre o el librero de barrio. El problema es que yo pongo novela romántica en Google y salen 5 millones de resultados. ¿Con cuál me quedo? Su función va a ser ayudar al lector a cribar, mientras la máquina utiliza el algoritmo del best-seller. Más mencionado, más enlazado, más comentado...
¿Y el autor, solo ante el folio en blanco, se va a ver afectado?
En esta transformación parece que se cargan hasta al apuntador, que va a morir el librero, el bibliotecario, el editor... Afortunadamente, en el análisis de los tremendistas, los únicos que se salvan son el autor y el lector. Pero yo no creo que vaya a ser para tanto. Los autores del XXI van a tener que desarrollar un lenguaje multimedia, una manera de comunicar literatura a través de texto, sonido, imagen... y hacer una experiencia lectora, de evasión. Hace poco vi un proyecto de literatura electrónica enriquecida que me dejó boquiabierto. Una biblia con un mapa de googlemaps...
¿Para ir de la mano con Jesús?
Soy agnóstico, pero me fascinó. Se menciona el lago de Jericó y te lleva allí, ves comentarios de gente que ha estado, sus emociones. La lectura como acto compartido... si quieres. Si no, vas leyendo lo tuyo. No se limita la capacidad de imaginar, pero si me das más datos probablemente pueda ir un poco más allá. Los docentes van a tener que enseñar a leer de manera lineal, pero también entender que esta dualidad es parte del mundo.
Y de los árboles pasamos al litio...
Todo contamina. Estos cacharros menos. Con el papel, el gran problema es la distribución. De cada libro, de media, se hace una tirada de 3.000. Se envían a los puntos de venta. Los que no se venden, se devuelven a la editorial y, si no los reclaman, se guillotinan. Ese CO2 hacen que el grado de contaminación sea mayor al digital.
Les llama todo el rato "cacharros"...
Soy un vendido. Vengo del mundo en papel, estudié en papel, adoro el papel, leo en papel. Pero combino los dos. Le llamo cacharro porque hay una especie de mistificación. Es como el microondas, la batidora... Los utilizas porque mejoran tus condiciones de vida. ¿Quién quiere salir de casa con 500 libros?
Ni Sísifo...
Les llamo cacharros porque forman parte de mi vida y para quitarles esa tontería de darles demasiada importancia. Lo importante no es el continente, sino el contenido.
Es el momento del continente...
Estamos en esa fase. Es lo que atrae. El cacharro. Pero lo interesante...
Es leer...
Lo de dentro.
Via: Noticiasdealava
Etiquetas: celaya, digitales, ipod, javier, libro, nativos, papel






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